domingo, 13 de abril de 2014

RASGO: (Dove il cigno crudele / si liscia e si contorce…)

Comenzó con la reconstrucción de un sueño reciente: descansas sobre una superficie mullida que apenas conoces junto a un cuerpo que comienzas a conocer, te dices, mientras escuchas la voz de tu acompañante, que has soñado con una habitación donde tu abuelo dormía en posición fetal, tu abuelo de noventa años acurrucado en un sillón mientras tú, de espaldas a su cuerpo anudado, permanecías de pie frente a una ventana. sabes que es de noche porque afuera no hay luz, pero también intuyes la noche porque de pronto un hombre de más o menos cuarenta años, vestido de traje, el nudo de la corbata impecable y el bigote recortado con metódica perfección, te llama desde un punto impreciso de la habitación... miras al hombre con atención, que permanece de pie frente al sillón donde dormita tu abuelo, estudias su fisonomía, escuchas su voz enérgica que pregunta con impaciencia Por qué lo tienen así, por qué lo han dejado ahí, sabes que se refiere a tu abuelo, sabes que la pregunta es difícil de responder y por eso te limitas a mirar el rostro del hombre con un poco de vergüenza, entonces lo reconoces, logras emparentar su fisonomía con la del hombre que aparece en el centro de una foto que tu abuelo, dormido en posición fetal, tiene colgada sobre la cabecera de su cama. comprendes que ese hombre es el padre de tu abuelo, algo en el color de su piel, quizás la pátina de color sepia que recubre todo su cuerpo, revela el parentesco del hombre de cuarenta años y tu abuelo de noventa... miras a tu abuelo de reojo, el viejo descansa, el rictus que tensa sus labios sugiere que su reposo no es placentero; la presencia de tu bisabuelo (un sombrerero según de ascendencia asturiana) enmarca la incomodidad de la escena: un sueño, te dices, pero no puedes despertar y en tu inconsciencia onírica te alejas de los dos hombres, abres una puerta y casi a tientas buscas un lugar para desahogar la tensión del instante. hallas a tu padre en una zotehuela, parece concentrado en el tallado jabonoso de un par de medias de beisbol, en cuanto se percata de tu presencia libera un llanto copioso que te abruma, la imagen es incómoda, como la aparición de tu bisabuelo de cuarenta años y el sueño tortuoso de tu abuelo de noventa años… así que decides despertar: a tu lado el contacto cálido de un cuerpo que comienzas a conocer atempera el golpe repentino de la vigilia, piensas que aquello fue una pesadilla y lo dices en voz alta, tus palabras hacen un remolino y se esconden, hasta desaparecer, en la calidez que te abraza. más tarde recordarás el poema de Raúl Parra titulado Rasgo 

“Mi padre vive en mí
Yo en mi hijo
El infierno se hereda”

… después de correr esta mañana, has hallado en tu camino un cerezo silvestre… también has hallado en tu memoria la última voluntad de tu abuelo: “quiero hacer un último viaje a Monterrey, Guadalajara y Veracruz…”. entonces has concluido que en mayo irás con tu abuelo y tu padre a Veracruz, porque las voluntades, cuando son las últimas, son como nudos de agua que aprietan el cuello nervudo de los deseos (Dove il cigno crudele / si liscia e si contorce…).  
   








domingo, 6 de abril de 2014

TO PITTSBURGH: (on a plane) (April 2, 2014)

I did not wake up on time. Sometimes I feel tired of going to an airport to get in an airplane. I used to love to fly (and I still aspire to fly), but after many years of gypsy-style traveling, it can become tiresome. I woke up late and my cab driver was also late. My thoughts were heavily pointing towards forgetting about Pittsburgh and just taking a nap or going for a run under the Chapel Hill sun. My thoughts usually convince me, so I went back to my room and sat in the couch. "This is over," I told myself while I was staring at a picture of a child version of me that I have on my desk. Then a ringtone, Spinetta music, "Bajan," a deep voice in the other side asking me if I still need a taxi.

Why did i say "yes"? Why do people say ever "yes"?

I am on a cab with a rugged skinhead old man. His name is Sam. He is 60. He seems like a tough guy. He is from South Africa. He has been married several times. He has five kids. His current wife is 28 and "she is good at saving money," she also drives the cab and understands Sam's points of view... The current wife of Sam is practical and that is good, according to him, because he is 60, "I'm sixty and that is good for me now," he says. I keep asking him questions, I do my detectivish job: he looks like a character, like a suspect. He has lived in Pakistan, Israel, Greece, Texas, and North Carolina. He was born jewish but converted to islam in 1979. He shows me a picture of himself when he was 24: he looks like a happy young man: behind the steering wheel he does not look happy at all. He tells me that he is an artist and shows me lots of colorful pictures. I like the pictures, they seem made by someone on LSD. He tells me that he uses markers, but he does not have enough time to devote to his art, "I don't have enough time to do my art," Sam says. I ask him about his past wives. He remains silent for a while, "he is going back to his past," I think. Then he says, smiling, that "you always miss women from your past, they all had something good...". He smiles again and adds that he became better at understanding women when he turned 50. I say something stupid, his last statement does not give me many hopes. I do not have many hopes. Before I jump out of the cab to run to check in, I ask Sam how he dealt with his separations. He stares at me and says, almost smiling, "That was very difficult, I learned that through what I study, so now I can tell you that everything, the world, everything, has been already planned, so if a terrible thing happens in your life, you should not get extremely sad, because it was supposed to happen, and if something really good happens in your life, you should not get extremely happy, because it was also meant to happen that way...". He gives me his business card and I promise to call him next time I need a ride to the airport... I'm late, my airplane to Pittsburgh is gone, but I do not feel neither desperate nor annoyed. I go to the US Airways desk and a kind lady named Lisa puts me in the next flight to Philadelphia. I am going now to Philadelphia to catch a connection to Pittsburgh. It was supposed to happen this way. My life was supposed to happen this way, it was planned: like the sea of clouds outside of this airplane to Philadelphia. I think that soon I am leaving Chapel Hill to move to Pittsburgh, a place where I practically do not know anyone. I have spent the last ten years of my life moving to one place to another, because it was planned that way, because it was the only way that it could've been planned. Ten years, six different universities, many cities, a plan: ten years and I do not have a home anymore, I do not have a place to go, I do not want to go to any place, I have no attachments to anywhere or anyone. The past is crowded with strangers and familiar faces that overtime have become strangers as well... And following the plan, because I was supposed to carry the "Mourning Diary" of Barthes on my way to Philadelphia, I open it in today's date, p. 109:

"April 2, 1978

What have I to lose now that I've lost my Reason for living-the Reason to fear for someone's life."

But everything was already planned, including mourning and losing those Reasons, losing also the old and the new encounters, losing what we have not even gained, because losing was already planned. TURBULENCE, the airplane shakes like hell and I wish that the fucking plane crashes, because that could also be part of the plan. The plan contains everything. Everything.











lunes, 31 de marzo de 2014

ENP 3 “JUSTO SIERRA”: extraordinarios





Esta es una historia basada en puros hechos reales, sin embargo, como siempre ocurre, la memoria ha recubierto con su barniz desfigurante lo que a continuación escupo:





El Charro:
adolescente bigotón y bajito
jugador emperrado de squash
enamorado de una muchacha bonita cuyo nombre es o era Soledad
El Charro
estudiante huevón y desinteresado
su nombre es o era Saúl
el apodo
lo abrazó
(a Saúl)
porque durante una obra de teatro de la prepa tres
brincó al escenario, Saúl, con un perimetral sombrero de charro
entonces El Charro
emperrado jugador también de billar
sólo en los billares del otro lado de Eduardo Molina
                                                                                 del otro lado de la prepa
billares donde El Charro, El Tohuí y yo gastábamos nuestro dinero
de huevones estudiantes de preparatoria
El Charro
entre bicho y bicho
y silencioso vaciado de las buchacas
Saúl
El Charro
le dijo a El Tohuí y a mí
nos dijo el cabrón
que como íbamos a reprobar química y ética
que como el billar y Soledad consumían nuestras meditaciones
                                                                   de pusilánimes jugadores adolescentes de billar
El Charro
nos convenció de ir a buscar al porro:
un chacal con pinta de briago que según el mito cargaba FUSCA
El Charro
nos convenció de ir a buscar al porro
con pinta de briago
para que nos vendiera los exámenes extraordinarios
de
química
y
ética
porque como todos saben o sabían
los exámenes extraordinarios no cambian o cambian poco
por eso fuimos con el briago porro con FUSCA a preguntarle
“¿cuánto?”
y el porro briago nos miró
               (lo supe)
nos miró como un PERRO porro que la verdad no carga FUSCA
nos miró sólo como un briago perro hijo de la chingada
y con los mismos ojos y con una voz de briago maldito dijo
“doscientos pesos por cada pinche examen”
(El Charro, El Tohuí y yo nos quedamos viendo como zonzos:
          El Charro pensando en Soledad
               El Tohuí pensando en que no podía pensar en Soledad
y yo pensando en que Soledad tenía novio
y que no teníamos tantos pesos para los extraordinarios
del briago porro con FUSCA fantasma)
así que en la noche le dije a mis padres
“necesito dinero para ir a una excursión obligatoria a Puebla”
me preguntaron que para qué clase
“historia de México”
entonces mi mamá le dijo a mi papá que me diera el dinero
pero antes de la descarga de billetes de a cincuenta pesos
me preguntó, mi papá, porque le gusta chingar, que me iba a dar el dinero
después de que le contara
lo que había aprendido
durante el semestre
en la clase de historia de México
y como respondí que no me acordaba, mi jefe, mi papá, replicó con un tono mamón
“cómo te voy a dar dinero para la excursión de una clase donde no aprendes nada”
así que desvié la mirada hacia mi mamá y escupí una pendejada del tipo
“por eso no me gusta decirle nada a mi papá…”
pendejada verbosa que mi madre secundó con un
“si de todos modos le vas a dar el dinero para qué le pones condiciones a tu hijo”
“bien dicho, mamá”, pensé, y luego volví a pensar
“¿por qué los padres, por sus puros huevos, se quieren hacer pasar como muy chingones?”
y tras torcer la boca mi papá descargó los billetes en mi mano con sarcasmo
y añadió: “le doy dinero al niño para que se vaya de excursión a Puebla a echar relajo con sus
                 amigos de la prepa…”
qué pensé cuando tuve el dinero en la mano es un enigma
pero muy válido sería imaginar que por mi mente pasó algo como
“pero si este cabrón de seguro hacía lo mismo en la prepa…”
luego el tiempo pasó dando brincos
y una tardecita El Charro, El Tohuí y yo nos encontramos con el porro
con pinta de briago
para intercambiar la lana
por los extraordinarios de química y ética
luego nos fuimos al bicho del otro lado de Eduardo Molina a llenar buchacas
y escuchar las bachatas que el ruco serio dueño del billar ponía a todo volumen
Chichí Peralta:
               Procura seducirme muy / despacio / y no reparo de todo lo que en el acto te haré /  
               procura caminarme ya / como ola del mar / y te aseguro que me hundo para siempre en tu rodar…  
música de billar
Chichí Peralta
               procura ser parte de mí / y te aseguro que me hundo en ti 
visionario El Charro
chavo bigotón y bajito
enamorado de una muchacha bonita que se llama o llamaba Soledad
               mi corazón se acelera (Chichí Peralta: “Procura”)
visionario El Charro
emperrado jugador de squash y billar
Saúl también se mordía las uñas
y decía con afilada frecuencia
“a huevo / chicharrón con pelos / hígado con pus / pata de elefante…”
visionario, El Charro: los tres reprobamos química y ética
pero ya habíamos hecho copias de los extraordinarios
que nos vendió el porro briago cabrón sin FUSCA
por eso el día de los exámenes llevábamos respuestas
               memorizadas
en nuestras mentes de chavos huevones de preparatoria
pero también Juan Luis Guerra en el bicho del ruco serio:
     Te regalo una rosa / la encontré en el camino / no sé si está desnuda / o tiene un solo vestido / no / no lo sé
El Charro enamorado de Soledad
El Tohuí sin poder pensar en Soledad
y yo pensando que Soledad tenía novio
               un espacio de luz / que sólo llenas tú / ayayayay
               te regalo mis manos / mis párpados caídos / el beso más profundo / el que se ahoga en tu   
               gemido / ohohoi
El Charro
El Tohuí
yo
terminamos la prepa (ENP 3 “Justo Sierra”)  después de la HUELGA
El Charro: química 7 y ética 8
Tohuí: química 8 y ética 7
yo: química 8 y ética 9
el examen del porro briago cara de perro sin FUSCA era casi el mismo
que nosotros
     (chavos) (de preparatoria) (huevones) (emperrados jugadores de billar)
hicimos sin menoscabo de culpa
El Charro quería ser maestro de educación física
     (según él)
para tener muchas estudiantes bonitas
El Charro terminó la prepa con 6.9 de promedio y ya no pudo ir a la universidad
sabemos o sabíamos que el promedio mínimo de admisión es o era 7
El Charro terminó manejando el microbús de su papá en Ecatepec
la última vez que escuché de El Charro
fue una noche que me llamó por teléfono
desde Ecatepec
para decirme que estaba pedo con una muchacha a la que había embarazado
cuyo nombre no era Soledad
luego
después de esa llamada
El Charro
chavo bajito y bigotón  
una vez enamorado de una muchacha bonita que se llama o llamaba Soledad
desapareció del mapa y nunca más volví a escuchar su voz de niño de nueve años
El Tohuí terminó la prepa con 7.3 de promedio y entró a la carrera de arquitectura en
CU
vía pase automático
nos encontramos dos o tres veces en ciudad universitaria
y se sorprendió de que YO hubiera dejado de ser un tremendo desmadroso
y me dedicara a leer
y pasara tiempo en la biblioteca
y supiera palabras como hermenéutica e inmanente  
la última vez que vi a El Tohuí
(su nombre en el acta de nacimiento dice Ángel Ortiz)
fue en el comedor de la facultad de arquitectura
hablamos del pasado y de El Charro
del bicho
Tohuí no se acordaba de Soledad
luego nos fuimos cada uno por nuestro lado
y lo último que supe de él fue que no terminó la carrera
por puro huevón
yo terminé la prepa con 7.6 de promedio
entré a la carrera de Ciencias de la Comunicación
en CU en
la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
vía examen de ingreso
(mi papá me pagó un curso, en Bucareli, cerca del Café Habana, de tres semanas, para que me regularizaran, para que según me prepararan para el examen de admisión a la UNAM, un poco sí me regularizaron, seguro que sí, pero lo que mejor recuerdo es la palabra bórax y a la muchacha bonita, de nombre Noemí Laguna, que nos regularizaba en las materias de español y literatura, Noemí Laguna, estudiante de sexto semestre de letras hispánicas, que invité al cine, que me dijo que sí, y que vi por última vez en los torniquetes del metro de la estación Cuauhtémoc, línea rosa...)
CONCURSO: UNAM: 8 a.m.
(entré a la UNAM de puro panzazo / el puntaje más bajo de la lista de admitidos / brinqué cuando miré mi panzazo en la gaceta oficial)
entré a la UNAM no por pase automático
por pendejo (la pura verdad)
porque no sabía que yo merecía semejante empujón a los hornos universitarios
después dejé la carrera y volví a hacer el examen de ingreso / de admisión
para cambiarme a letras hispánicas en CU
en la Facultad de Filosofía y Letras
en la UNAM
pero esta vez ingresé con paso tranquilo y sin dar ningún brinco
y eso que NUNCA terminé una carrera en la UNAM
               “Por mi raza / hablará el espíritu”
eso, concluir una carrera, lo hice en Portland State
lejos muy lejos en un lugar donde llueve o llovía a madres
lejos del bicho
y de El Charro
y de El Tohuí
y del porro briago sin FUSCA
y de Soledad
y de la estación del metro Cuauhtémoc
y de CU
lejos de la química y la ética que reprobé por haber sido un chavo huevón emperrado con el billar
y concentrado en chingar a los demás, como a Maya Carbajal y a El Babash…
               (discúlpenme, Maya Carbajal y Babash, por haber sido tan ojete con ustedes...)
lejos de la ENP 3
     escuela nacional preparatoria
número tres
     JUSTO SIERRA







miércoles, 26 de marzo de 2014

LOS CIMACIOS: acotaciones a un texto inédito

… la imagen comenzó con el recuerdo de los nidos, de golondrinas, de los cimacios de la casa de verano de mi abuela, en Ciudad Hidalgo, Michoacán. ¿Qué es un cimacio? Esto lo descubrí, o lo construí en mi mente, después, porque cuando vi los nidos de las golondrinas en la casa de mi abuela los cimacios no existían. Los descubrí muchos años después leyendo los Huesos de sepia de Eugenio Montale, incluso recuerdo el día y los contornos de mi encuentro con el poeta italiano (pero esta es otra historia y he llegado al punto de evitar que mis historias se mezclen y engendren, quizás, mutaciones memoriosas que en un futuro cercano devoren, con mandíbula chica, retazos enteros de mi vida pasada). La primera ocasión que vislumbré los cimacios fue en “Felicità raggiunta…”, quizás mi poema más querido de Montale:

è dolce e turbatore come i nidi delle cimase

Durante mucho tiempo estuve convencido de que los cimacios eran pájaros... Influido por mi ignorancia juvenil y mi resistencia a consultar un diccionario para aclarar lo que parecía claro para mí, los nidos de los cimacios del poema me hacían recordar los nidos de las golondrinas de la casa de mi abuela: en mi ignorancia imaginativa, le confería a los cimacios características analógicas a las de las golondrinas: ave de despedida, un poco tristísima, evocadora de un retorno que permanece siempre postergado. Algo parecido me ocurre con los oleandros (pero esta es también otra historia…). Y justo hoy, miércoles 26 de marzo de 2014, la duda asaltó mi lectura del poema de Montale. Escuchar la “Felicità raggiunta” en la voz de una mujer, cuya sonrisa me deja desarmado, voz ajena y aún poco familiar, me llevó a reconstruir las imágenes que hasta el día de hoy había conservado como inconmovibles. Por eso abrí el diccionario más autoritario de nuestra lengua y busqué nueva esperanza; abrevio:

1. m. Arq. gola (moldura en forma de s).

2. m. Arq. Miembro suelto, con ábaco de gran desarrollo, que va sobre el capitel, con aumento del plano superior de apoyo. Es elemento medieval casi constante y típico.      

Cimacio no es un pájaro, es una “gola”, un “miembro suelto que va sobre el capitel”, pero la ignorancia todavía me parece más deseable, tan deseable como la voz ajena que leyó el poema de Montale sólo para mí. Recuerdo al “Domador de versos” del entrañable Leolo de Jean-Claude Lauzon, un hombre que recorre las calles acariciando y escrutando los deshechos que la gente deja tras de sí; de esta manera, a partir de esta recolección de lo indeseable, el Domador descubre a Leolo, sus versos, sus melancolías y su constante batalla en contra de la autoridad que la realidad nos impone con desidia: “porque sueño, yo no lo estoy”, afirma Leolo para curarse de la vulgar locura de ser sólo unidad y constancia. Leolo muere, recordemos, porque ya no puede soñar, y porque ya no puede soñar, tampoco puede amar… Pero el Domador lo sobrevive y le sobrevive, quizás a todos en algún momento nos llega un instante semejante, ese en el que tenemos la posibilidad de domar nuestros recuerdos o, por el contrario, dejarlos partir, como las golondrinas de los cimacios de la casa de mi abuela: 

                         è dolce e turbatore come i nidi delle cimase    


Inédita felicidad la del poema de Montale, inédita porque ha sido escrita en la intimidad para una sola persona… Felicidad lograda la de Leolo y su amor blanco y expansivo por Bianca. Inédita felicidad lograda, como la de los cimacios que emprenden el vuelo desde su capitel. 

Primer vuelo turbador: (inédito) 










domingo, 2 de marzo de 2014

ALGO CONTIGO: sólo contigo

Quizás aún no tengo la edad suficiente para hacer afirmaciones de este tipo: “Hay gente más pendeja que otra” o “Algunos se enamoran más fácil que otros” o “Todos merecemos segundas oportunidades”. Y digo que “quizás aún no tengo la edad suficiente” porque, si soy un poco honesto, yo tendría que catalogarme en el lado de la gente más pendeja y de la que se enamora más fácil y de la que siente que merece segundas oportunidades. Primero intentaré explicar esto a partir de cierto ejercicio de la razón y, a falta de suficientes recursos racionales, con una canción, como ya comienza a ser hábito en mi blog. 

1) HAY GENTE MÁS PENDEJA QUE OTRA porque repite los mismos errores una y otra vez aguardando resultados diferentes, por ejemplo, aquellos, como yo, que lanzamos una piedra a un pozo seco y nos sentamos a esperar el chapoteo del agua, un glup provocador o evocador, que la piedra arrojada en la oscuridad traiga consigo la promesa de una lluvia personal y diminuta; el pendejo aspira el mundo entero, quiere todas las minucias para sí mismo, colecciona sonrisas, movimientos de las ramas de los árboles, iris, alguna que otra nube, voces, palabras cursis, oídos, modos de caminar, se aferra con encono a la amistad y a los gestos de una cordialidad arcaica, casi mítica. Pero el pendejo también hace pendejadas de las que no suele arrepentirse y en esto tal vez reside su fatum tortuoso.   

2) ALGUNOS SE ENAMORAN MÁS FÁCIL QUE OTROS, claro, porque es trabajo de un particular tipo de personas fragmentar su vitalidad en miríadas de vidas en las que se recrean amores y posibilidades amorosas. Algo, o mucho, de patología hay en esta actividad ontológica: extraña o fatídica es la vida pendeja de aquel que se hunde con la frecuencia más veloz en miradas y voces ajenas. A este tipo de personas el amor no les parece fácil, que no se confunda el amor fácil con enamorarse más fácil; me explico: hay gente a quien le basta sentarse frente a alguien más para saber, como vidente, si la posibilidad del amor es una razón poética plausible. Y esta propensión, para algunos irracional, razonablemente poética, se expande en el interior ulterior del enamoradizo profesional: sus palabras dan vueltas en su cuello como una espiral mórbida, se fascina de su producción verbal y cuando su pescuezo cruje por el nudo gordiano que lo oprime llora con alegría infantil. Sabe que es más pendejo que aquellos que no se enamoran con la facilidad de beber agua, pero su pendejismo lo asume con excesiva esperanza. 

3) TODOS MERECEMOS SEGUNDAS OPORTUNIDADES es una mentira encubierta que el pendejo y enamoradizo nato se repite a sí mismo en el fondo del silencio bullicioso que lo acompaña. Y para ilustrar este principio no axiomático sobran imágenes, pero hay muy específica: la del rogón, que con fehaciente cara de pendejo, no detiene el torrente de sus súplicas en aras de nutrir el amor unidireccional que lo quema por dentro. El que ruega, de pie o hincado, lo hace porque se dice a sí mismo que merece una segunda oportunidad, o una infinidad de segundas oportunidades, porque llega a ocurrir que, en contra de lo que este tipo de personalidad esperaba, le fue concedida la tan ansiada segunda oportunidad, pero como es un gran pendejo pues la cagó y una vez más se aferra a la posibilidad de recibir una otra segunda oportunidad. ¿Que si todos merecemos una segunda oportunidad? Aún no tengo la edad suficiente para responder esta pregunta…  

CONCLUSIÓN AXIOMÁTICA Y PERSONAL: Me declaro pendejo (en grado mayor del pendejo promedio), me declaro enamoradizo fácil (en grado mayor del enamoradizo promedio) y me declaro, en virtud de las dos declaraciones anteriores, acreedor a una otra segunda oportunidad. Ahora matizaré, con brevedad, lo que quizás no necesita demasiados matices: me enamoro muy fácil, sí, desde niño, porque a los seis o siete años la telaraña del pendejismo había recubierto mi interior con su tela sutil y pegajosa, empalagosa también, pero desde hace muchos años me enamoro una y otra vez, con excesiva facilidad, de la misma mujer, de la güerita atómica que conocí en Praga hace nueve años, esa que derramó su espagueti con salsa de jitomate en su camiseta blanca en nuestra primera cita, la de los ojos verdes que cambian de color con quien compartí un beso por vez primera en Hrbitov Vysehrad… La mujer cuyo nombre es Kim Strong: “no quiero morirme sin tener algo (más) contigo…”   


Yo no quiero controlar tu vida, como se afirma en la letra
 de la canción, sólo quiero continuar compartiendo 
la mía contigo.






lunes, 24 de febrero de 2014

TRAVESÍA DEL MOVIMIENTO: de “Anyone can play guitar” a “Ingenue"

Vuelvo sobre el tema de Radiohead, a petición más o menos expresa, también velada, del famoso Abrumen, mejor conocido como Carlos Abreu Mendoza, cuyo nombre de pila es “El Murciano”. 

Así que: érase una vez Abrumen, Paco el de Bahía Blanca y yo estábamos en la Italian Pizzeria III de Franklin St., frente a un casi perfecto círculo de masa aplanada y horneada con queso, jitomate y albahaca: eso que la gente común y corriente llama pizza, y cuando yo iba por mi segunda porción y Paco hacía cálculos matemáticos para definir la distribución justa de las rebanadas restantes (digo “justa”, pero en realidad me refiero a una distribución arbitraria, incluso tacaña…), Abrumen soltó que la opinión musical me venía mejor que la opinión sociológica. Reconocí el grado de audacia del comentario, y sin dejar de masticar, con la mente nublada de vapores verdosos y artesanales, me dije: “puede que El Murciano tenga razón y si no la tiene pues qué chingados, haré más opinión musical...”. Así que una vez más estoy sumergido en la tarea, nada dolorosa, y sí harto fascinante, de escribir alguna minucia en torno a Radiohead. 

Mirando el video original de “Anyone can play guitar” vino a mi mente, casi de manera automática, los videos de “Idioteque” (la versión en vivo) y “Lotus Flower”, ambos conocidos por la destreza de Thom Yorke en el arte de la poesía con el cuerpo, como la llamó Mallarmé, es decir, la danza. Sin embargo, es en “Ingenue” donde he hallado los puntos equidistantes entre el primer Thom Yorke, el inmaduro y pretensioso, y el último, ese donde la pretensión prevalece aunque matizada por una notable madurez musical. Hay que mirar primero “Anyone can play guitar”:


Este es un Thom Yorke totalmente noventero, carente de coordinación, que parece no saber con exactitud lo que tiene que hacer con su cuerpo: como que intenta saltar, luego lo invade la euforia, la contiene, cambia de rumbo, gesticula, se ahoga en la intransigencia de lo que desea comunicar, “cualquiera puede tocar la guitarra”, nos dice, como quien pretende sugerir que cualquiera puede articular la música desde su propio espacio de angustia postiza. Llama también la atención la retahíla de gestos que Thom Yorke despliega en este video, como si intentara hacernos pensar que hay demasiada indiferencia en su actitud, pero esto es sólo parte de las posturas ortodoxas de la pretensiosa juventud de los noventa. Esto cambia de manera radical en “Ingenue”, donde los guitarrazos y la frenética erupción de gesticulaciones son reemplazados por una actitud cuasi zen, fundida en el fondo de una marmita donde la templanza y la coordinación del diálogo bullen a fuego lento. En “Ingenue” no hay indiferencia, cada movimiento y cada expresión corporal han sido calculados ex profeso, y si hay angustia, se trata de una angustia cordial que desemboca en un abrazo meditabundo, en la expresión de una compañía pura que se rinde a la entrega del abrazo despojado de su dimensión erótica. No hay duda que del Thom Yorke de “Anyone can play guitar” al de “Ingenue” hay una distancia que podríamos comprender como una travesía de maduración a través del movimiento y sus consecuencias vitales. Conclusión: hay que mirar ahora “Ingenue”:   









domingo, 16 de febrero de 2014

EL SILENCIO DE LOS ROBLES: crónica de un “club"

Superficial radiografía de ayer sábado: transcurrir con la pereza untada al cuerpo, moverme con parsimonia, meditar posibles desenlaces e inicios de trayectorias, salir a la calle con endeble misión; después, apoltronarme en un sillón de la biblioteca a leer artículos académicos más aburridos que didácticos o interesantes; pequeño receso para escanear el libro entero de Trabajos del reino de Yuri Herrera que, aunque ya he leído, había prometido enviar en PDF a un cuate que ni siquiera conozco en persona (intento parecer buena gente, intento persuadirme de mis posibilidades); durante mi receso productivo, una chica, que resulta ser de Ecuador, me pregunta si sé cómo usar el escáner, así que me sumerjo en otro receso productivo para mostrar a una hermana latinoamericana la magia escabrosa de reproducir documentos que yacen sobre una cama de plástico: la observo maniobrar con el armatoste y sin contener mi desesperación termino escaneando su pasaporte yo mismo, luego me alejo con el propósito de terminar con Trabajos del reino; me traslado al rincón cómodo de la biblioteca, ese con muros de ventanas translúcidas y sillones de lectura medio mullidos; me aferro a mi asiento y me pongo a leer, de forma casi maquinal, tomo notas, comienzo una novelita que semeja el boceto de una colección poética, ensayo lo mío, lo mío me aqueja, lo mío me hace parecerme demasiado a mí mismo, me canso de lo mío, es tarde, afuera la noche se tira un pedo oscuro, una voz de mujer anuncia por el altavoz que la biblioteca cerrará en diez minutos; hago mi maleta, me amarro la bufanda al cuello, me imagino colgando del cuello del roble que más me gusta frente a Dey Hall; en el cielo parece que hay luna, algo se ve, intento regresar a lo mío, así que me cuento historias en voz baja, ensayo diferentes maneras de caminar, cuya diferencia sólo yo puedo discernir; hace un frío de la gran puta, así que acelero el paso, mi cuarto de alquiler con luz suave y libros y colores en las paredes parece un lugar sensato para transcurrir la noche; allá, en esa sensatez cálida, me entrego a mansas ensoñaciones, como el guiso de bacalao que preparé la otra noche, bebo un vaso de vino, miro al Atlante ganar 1-0 al Pachuca, aunque no puedo prestar atención a las acciones sobre el terreno de juego, me interrogo, más bien, sobre la sensación que podría invadirme si me colgara de un roble, el pensamiento es sólo doloroso en mi cuello, así que no desisto y persevero; después lo irremediable, mi buen amigo Tahsin me dice que salga con él y su amigo (un brasileño) y el amigo de su amigo (un panameño) a la calle fría para luego meternos a un sitio donde la gente baila, digo que no, pero luego el brasileño y Tahsin están a un lado mío diciéndome que no puedo pasarme el sábado sentado mirando a través de la ventana y escuchando mi música depresiva; me aferro a la idea de mi roble, pero sus voces no paran de recriminar mi insensatez; digo que sí, carajo, sí, vamos a matar nuestro espíritu a ese lugar que ustedes dicen; me siento narcotizado, voy en un automóvil con tres tipos en cuya mente se dibuja la posibilidad de saciar sus deseos reprimidos de machos en ese lugar que ellos llaman “club”, me río como loco de sólo imaginar sus pensamientos, el brasileño replica gritando, casi eufórico, que parece que ya me estoy divirtiendo; me vuelvo a reír, pero esta vez en silencio, me dejo llevar por cualquier cosa, lo mío es el ensueño, no aferrarme a la posibilidad de saciar mis ansias de macho…; llegamos al lugar, un sitio que me da risa: hay una fila nutrida de tipos y tipas de veinte años, estudiantes de licenciatura, juventud anonadada ante sus ansias; el panameño me pregunta si creo que podrá levantarse a una chica: creo que abrí los ojos como desquiciado y balbucí algo inaudible, todo lo termino con una sonrisa, así que el panameño también sonrió, sin prestar atención a la confusión de mi rostro; Tahsin y el brasileño tienen el mismo plan, en sus ojos y labios se adivina, yo me limito a pensar en mi roble y la pedorrera de la noche, aquello no puede estar pasándome a mí; en el interior del lugar, una avalancha de juventud remeda un baile que al instante llamo fusión: mezcla de lambada, techno y electrónica; miro con rapidez en derredor, calibro fisonomías, descubro el rostro de dos antiguas estudiantes mías, por eso me avergüenzo, aunque sin ruborizarme, pero vuelvo a decirme que aquello no puede estar pasándome a mí; mis tres acompañantes comienzan a beber, los observo y aquello me da risa, piensan que estoy drogado, la felicidad fácil no existe en un sitio como ese ((me digo con voz de adulto que sólo beberé una Guiness, me dedicaré a analizar el extraño baile que llevan a cabo sobre la tarima y, por amistad, cuidaré a mi amigo Tahsin, quien con tres cervezas Corona cae pedo como un paraguas)). Y eso ocurre, termino mi Guiness y pronto estoy en la tarima, entre humos artificiales y luces, cubierto de una música iterativa con resquicios de sensualidad; en derredor las chicas bailan como si estuvieran cogiendo de pie, golpean el aire con sus traseros y se exprimen el torso con las manos, cierran los ojos, por eso a veces rozan mi cuerpo que intenta entregarse al recuerdo de la música electrónica que más me gusta; los chicos están como pasmados sobre la tarima, casi todos observan, algunos se acercan a sus amigas e intentan apretar su cuerpo contra el de ellas, aquello es una bacanal pueril, ilusa, sin ningún propósito; pienso en las diferentes conversaciones que podría tener con mi roble, porque en la tarima nadie habla, todos transcurren transidos en su pasmo o placer; después de una o dos horas, la borrachera prima en el lugar, Tahsin está a mi lado quejándose de que las chicas sólo bailan con chicos de su mismo color de piel, me encojo de hombros, esa es una cuestión que ya no me concierne, que ha dejado de quitarme el sueño, lo mío es el roble, su altura, el frío que imagino descansa en las ramas más altas; he mirado al panameño intentar acercarse a varias chicas, el tipo aprendió relativamente rápido el paso inicial: uno tiene que acercarse por detrás de la chica y poner suavemente la mano derecha sobre su abdomen y apretar al paquete contra su trasero, invariablemente todas las chicas se alejan del panameño, quien ahora baila solo como un alacrán, no sé por qué me apena un poco su situación, o las intensiones detrás de su situación…; a la una a eme, le digo a Tahsin (que sigue borracho y quejándose de la concurrencia) que me voy a ir (me vuelve a preguntar qué me metí, que he estado bailando muy tranquilo… su pregunta me da mucha risa), “¿a dónde?”, pregunta, digo que a OCSC, que me gustaría hablar con Ruy para volver a tener un poco de fe en la gente (cada vez que hablo con Ruy recupero esa fe, mi instinto humano regresa a mí e incluso llego a olvidar un poco mi roble y su altura glacial); Tahsin me ruega permanecer con él, me dice que a las dos podemos irnos, le digo que no mame, pero que me quedaré sólo porque ya está muy borracho; el sitio es aburrido, nadie habla, sólo se repite el bailecito ese de las chicas cogiéndose al aire y de los chicos pasmados en masturbaciones tristes e iterativas, musicales, más que una bacanal pueril, aquello es un boceto del onanismo, no está mal, pero no es lo mío...; a las dos, Tahsin y yo salimos del “club”, ni siquiera dije adiós al brasileño y al panameño; hace un puto frío ardiente, Tahsin dice que no hace frío, le digo que no lo siente porque está borracho, después me burlo a carcajadas de él por haberse emborrachado como niño con cinco Coronas… Camino a casa nos detenemos a comer algo, ahí me lamento de la suerte que me alejó de OCSC, me hubiera gustado mucho escuchar la voz chilena de Ruy, escucharlo hablar sobre los robles y las alturas; llegamos a casa, le pregunto a Tahsin si se siente bien, dice que sí, “órale, carnal, entonces ya duérmete”, le ordeno; cierro la puerta de mi cuarto de alquiler y observo la luz suave, cálida, y percibo un familiar olor a roble quemado, no es nada, por supuesto, sólo mi intuición; me dejo caer en el sillón y la imagen del roble crece en mi pensamiento, pero la música esa del “club” transfigura el silencio del roble… Ya debo estar dormido, porque me veo colgando, con la bufanda amarrada al cuello, de la altura de mi roble, y en derredor la juventud baila bajo el abrigo de un sensual pesimismo.