viernes, 2 de mayo de 2014

I.P. Pavlova: Prólogo


No quería caminar solo otra vez, eso de tener los brazos a los costados colgando como péndulos no era lo que deseaba la mañana que salí con mis dos maletas de color azul. Miré hacia atrás: es muy feo buscar a alguien y ver cómo en su lugar crece un vacío cuyos contornos definen con exactitud casi divina una ausencia palpitante. Emprendí la marcha, durante varios minutos con el cuello torcido, girado hacia atrás, como tecolote, pero a medida que el peso de las maletas me empujaba hacia delante y el sudor brotaba de mi frente, el vacío anclado en el pasado comenzó a reblandecerse. Nunca podría dejar de pensar en esos contornos, pero durante aquella caminata, que marcó el comienzo de mi declive, intenté persuadirme de mis facultades mentales y con un susurro, ensayado tantas veces frente al espejo del baño, soplaba en mis propios oídos cantaletas inesperadas, algunas viejas, de antiguos territorios, otras bufas, irrisorios estanques en los que saltaba como un párvulo canalla sin consciencia del tiempo. En la estación de autobuses abrí una de las maletas, la revolví con esmero marcial, contritos los ojos ante el brillo de mis olvidos premeditados. El autoboicot se había convertido en una de mis especialidades desde la primera vez que había tenido que salir de una casa con mis dos maletas azules: autofustigamiento en forma de chorro memorioso. Dejé bajo la cama, dibujado con forma de olvido (ya saben, se puede tomar un lápiz labial o una pluma de gel color verde y trazar en el suelo el perímetro de un cuerpo o, en mi caso, de lo que imaginaba que podía ser un cuerpo), el suéter que llevaba puesto la noche que nos conocimos: Había entrado sin mirarme, con los ojos fijos en el rincón donde estaba su cama, ni un reojo fortuito me había dedicado, era la primera vez que nos cruzábamos y aunque su atención había estado concentrada en un rincón ajeno al mío, tuve la oportunidad de estudiarla, su forma de caminar, el peinado descuidado pero voluntarioso, la humedad esquiva que invadía sus ojos. Pensé que era alemana, polaca o rusa, el Este y sus palideces de cabelleras negras y pupilas verdosas o amarillentas, posible compañía que en aquel momento aparecía como una necedad y quimera deseables. Me esfuerzo, recorro los años a una velocidad improbable y parcial, poco precisa, y un abismo de luz desgarra mis recuerdos, la dibuja con mano trémula, sumergida en espectros de locomoción pura, de pie, en la habitación de la Pensión Sokolska:

Pantalones sucios de mezclilla, desgarrones en los bordes que festonean unos zapatos infantiles, de cordón cruzado, que evocan más el calzado de Remi, por triste y pueril, que el de una polaca que en mi imaginación ha viajado a Praga para ver un concierto de fussion jazz en Reduta, lugar que conozco sólo por fuera, sin prestar atención a la fachada, comprimido en mis meditaciones y caminatas juveniles. Una camisa a cuadros,
azul claro, acuoso, cuadros, quizás,
verde y azul marino;
encima un suéter negro, bonito, que resalta la camisa vaquera
desfajada;
cabello negro casi largo, en la frente; sonrisa tímida pero 
escrutadora.
Sus pasos
eran breves
silencios
musitados
sin destino
(eran mi destino
aparejado
con la melancolía
estulta de la juventud…)




domingo, 13 de abril de 2014

RASGO: (Dove il cigno crudele / si liscia e si contorce…)

Comenzó con la reconstrucción de un sueño reciente: descansas sobre una superficie mullida que apenas conoces junto a un cuerpo que comienzas a conocer, te dices, mientras escuchas la voz de tu acompañante, que has soñado con una habitación donde tu abuelo dormía en posición fetal, tu abuelo de noventa años acurrucado en un sillón mientras tú, de espaldas a su cuerpo anudado, permanecías de pie frente a una ventana. sabes que es de noche porque afuera no hay luz, pero también intuyes la noche porque de pronto un hombre de más o menos cuarenta años, vestido de traje, el nudo de la corbata impecable y el bigote recortado con metódica perfección, te llama desde un punto impreciso de la habitación... miras al hombre con atención, que permanece de pie frente al sillón donde dormita tu abuelo, estudias su fisonomía, escuchas su voz enérgica que pregunta con impaciencia Por qué lo tienen así, por qué lo han dejado ahí, sabes que se refiere a tu abuelo, sabes que la pregunta es difícil de responder y por eso te limitas a mirar el rostro del hombre con un poco de vergüenza, entonces lo reconoces, logras emparentar su fisonomía con la del hombre que aparece en el centro de una foto que tu abuelo, dormido en posición fetal, tiene colgada sobre la cabecera de su cama. comprendes que ese hombre es el padre de tu abuelo, algo en el color de su piel, quizás la pátina de color sepia que recubre todo su cuerpo, revela el parentesco del hombre de cuarenta años y tu abuelo de noventa... miras a tu abuelo de reojo, el viejo descansa, el rictus que tensa sus labios sugiere que su reposo no es placentero; la presencia de tu bisabuelo (un sombrerero según de ascendencia asturiana) enmarca la incomodidad de la escena: un sueño, te dices, pero no puedes despertar y en tu inconsciencia onírica te alejas de los dos hombres, abres una puerta y casi a tientas buscas un lugar para desahogar la tensión del instante. hallas a tu padre en una zotehuela, parece concentrado en el tallado jabonoso de un par de medias de beisbol, en cuanto se percata de tu presencia libera un llanto copioso que te abruma, la imagen es incómoda, como la aparición de tu bisabuelo de cuarenta años y el sueño tortuoso de tu abuelo de noventa años… así que decides despertar: a tu lado el contacto cálido de un cuerpo que comienzas a conocer atempera el golpe repentino de la vigilia, piensas que aquello fue una pesadilla y lo dices en voz alta, tus palabras hacen un remolino y se esconden, hasta desaparecer, en la calidez que te abraza. más tarde recordarás el poema de Raúl Parra titulado Rasgo 

“Mi padre vive en mí
Yo en mi hijo
El infierno se hereda”

… después de correr esta mañana, has hallado en tu camino un cerezo silvestre… también has hallado en tu memoria la última voluntad de tu abuelo: “quiero hacer un último viaje a Monterrey, Guadalajara y Veracruz…”. entonces has concluido que en mayo irás con tu abuelo y tu padre a Veracruz, porque las voluntades, cuando son las últimas, son como nudos de agua que aprietan el cuello nervudo de los deseos (Dove il cigno crudele / si liscia e si contorce…).  
   








domingo, 6 de abril de 2014

TO PITTSBURGH: (on a plane) (April 2, 2014)

I did not wake up on time. Sometimes I feel tired of going to an airport to get in an airplane. I used to love to fly (and I still aspire to fly), but after many years of gypsy-style traveling, it can become tiresome. I woke up late and my cab driver was also late. My thoughts were heavily pointing towards forgetting about Pittsburgh and just taking a nap or going for a run under the Chapel Hill sun. My thoughts usually convince me, so I went back to my room and sat in the couch. "This is over," I told myself while I was staring at a picture of a child version of me that I have on my desk. Then a ringtone, Spinetta music, "Bajan," a deep voice in the other side asking me if I still need a taxi.

Why did i say "yes"? Why do people say ever "yes"?

I am on a cab with a rugged skinhead old man. His name is Sam. He is 60. He seems like a tough guy. He is from South Africa. He has been married several times. He has five kids. His current wife is 28 and "she is good at saving money," she also drives the cab and understands Sam's points of view... The current wife of Sam is practical and that is good, according to him, because he is 60, "I'm sixty and that is good for me now," he says. I keep asking him questions, I do my detectivish job: he looks like a character, like a suspect. He has lived in Pakistan, Israel, Greece, Texas, and North Carolina. He was born jewish but converted to islam in 1979. He shows me a picture of himself when he was 24: he looks like a happy young man: behind the steering wheel he does not look happy at all. He tells me that he is an artist and shows me lots of colorful pictures. I like the pictures, they seem made by someone on LSD. He tells me that he uses markers, but he does not have enough time to devote to his art, "I don't have enough time to do my art," Sam says. I ask him about his past wives. He remains silent for a while, "he is going back to his past," I think. Then he says, smiling, that "you always miss women from your past, they all had something good...". He smiles again and adds that he became better at understanding women when he turned 50. I say something stupid, his last statement does not give me many hopes. I do not have many hopes. Before I jump out of the cab to run to check in, I ask Sam how he dealt with his separations. He stares at me and says, almost smiling, "That was very difficult, I learned that through what I study, so now I can tell you that everything, the world, everything, has been already planned, so if a terrible thing happens in your life, you should not get extremely sad, because it was supposed to happen, and if something really good happens in your life, you should not get extremely happy, because it was also meant to happen that way...". He gives me his business card and I promise to call him next time I need a ride to the airport... I'm late, my airplane to Pittsburgh is gone, but I do not feel neither desperate nor annoyed. I go to the US Airways desk and a kind lady named Lisa puts me in the next flight to Philadelphia. I am going now to Philadelphia to catch a connection to Pittsburgh. It was supposed to happen this way. My life was supposed to happen this way, it was planned: like the sea of clouds outside of this airplane to Philadelphia. I think that soon I am leaving Chapel Hill to move to Pittsburgh, a place where I practically do not know anyone. I have spent the last ten years of my life moving to one place to another, because it was planned that way, because it was the only way that it could've been planned. Ten years, six different universities, many cities, a plan: ten years and I do not have a home anymore, I do not have a place to go, I do not want to go to any place, I have no attachments to anywhere or anyone. The past is crowded with strangers and familiar faces that overtime have become strangers as well... And following the plan, because I was supposed to carry the "Mourning Diary" of Barthes on my way to Philadelphia, I open it in today's date, p. 109:

"April 2, 1978

What have I to lose now that I've lost my Reason for living-the Reason to fear for someone's life."

But everything was already planned, including mourning and losing those Reasons, losing also the old and the new encounters, losing what we have not even gained, because losing was already planned. TURBULENCE, the airplane shakes like hell and I wish that the fucking plane crashes, because that could also be part of the plan. The plan contains everything. Everything.











lunes, 31 de marzo de 2014

ENP 3 “JUSTO SIERRA”: extraordinarios





Esta es una historia basada en puros hechos reales, sin embargo, como siempre ocurre, la memoria ha recubierto con su barniz desfigurante lo que a continuación escupo:





El Charro:
adolescente bigotón y bajito
jugador emperrado de squash
enamorado de una muchacha bonita cuyo nombre es o era Soledad
El Charro
estudiante huevón y desinteresado
su nombre es o era Saúl
el apodo
lo abrazó
(a Saúl)
porque durante una obra de teatro de la prepa tres
brincó al escenario, Saúl, con un perimetral sombrero de charro
entonces El Charro
emperrado jugador también de billar
sólo en los billares del otro lado de Eduardo Molina
                                                                                 del otro lado de la prepa
billares donde El Charro, El Tohuí y yo gastábamos nuestro dinero
de huevones estudiantes de preparatoria
El Charro
entre bicho y bicho
y silencioso vaciado de las buchacas
Saúl
El Charro
le dijo a El Tohuí y a mí
nos dijo el cabrón
que como íbamos a reprobar química y ética
que como el billar y Soledad consumían nuestras meditaciones
                                                                   de pusilánimes jugadores adolescentes de billar
El Charro
nos convenció de ir a buscar al porro:
un chacal con pinta de briago que según el mito cargaba FUSCA
El Charro
nos convenció de ir a buscar al porro
con pinta de briago
para que nos vendiera los exámenes extraordinarios
de
química
y
ética
porque como todos saben o sabían
los exámenes extraordinarios no cambian o cambian poco
por eso fuimos con el briago porro con FUSCA a preguntarle
“¿cuánto?”
y el porro briago nos miró
               (lo supe)
nos miró como un PERRO porro que la verdad no carga FUSCA
nos miró sólo como un briago perro hijo de la chingada
y con los mismos ojos y con una voz de briago maldito dijo
“doscientos pesos por cada pinche examen”
(El Charro, El Tohuí y yo nos quedamos viendo como zonzos:
          El Charro pensando en Soledad
               El Tohuí pensando en que no podía pensar en Soledad
y yo pensando en que Soledad tenía novio
y que no teníamos tantos pesos para los extraordinarios
del briago porro con FUSCA fantasma)
así que en la noche le dije a mis padres
“necesito dinero para ir a una excursión obligatoria a Puebla”
me preguntaron que para qué clase
“historia de México”
entonces mi mamá le dijo a mi papá que me diera el dinero
pero antes de la descarga de billetes de a cincuenta pesos
me preguntó, mi papá, porque le gusta chingar, que me iba a dar el dinero
después de que le contara
lo que había aprendido
durante el semestre
en la clase de historia de México
y como respondí que no me acordaba, mi jefe, mi papá, replicó con un tono mamón
“cómo te voy a dar dinero para la excursión de una clase donde no aprendes nada”
así que desvié la mirada hacia mi mamá y escupí una pendejada del tipo
“por eso no me gusta decirle nada a mi papá…”
pendejada verbosa que mi madre secundó con un
“si de todos modos le vas a dar el dinero para qué le pones condiciones a tu hijo”
“bien dicho, mamá”, pensé, y luego volví a pensar
“¿por qué los padres, por sus puros huevos, se quieren hacer pasar como muy chingones?”
y tras torcer la boca mi papá descargó los billetes en mi mano con sarcasmo
y añadió: “le doy dinero al niño para que se vaya de excursión a Puebla a echar relajo con sus
                 amigos de la prepa…”
qué pensé cuando tuve el dinero en la mano es un enigma
pero muy válido sería imaginar que por mi mente pasó algo como
“pero si este cabrón de seguro hacía lo mismo en la prepa…”
luego el tiempo pasó dando brincos
y una tardecita El Charro, El Tohuí y yo nos encontramos con el porro
con pinta de briago
para intercambiar la lana
por los extraordinarios de química y ética
luego nos fuimos al bicho del otro lado de Eduardo Molina a llenar buchacas
y escuchar las bachatas que el ruco serio dueño del billar ponía a todo volumen
Chichí Peralta:
               Procura seducirme muy / despacio / y no reparo de todo lo que en el acto te haré /  
               procura caminarme ya / como ola del mar / y te aseguro que me hundo para siempre en tu rodar…  
música de billar
Chichí Peralta
               procura ser parte de mí / y te aseguro que me hundo en ti 
visionario El Charro
chavo bigotón y bajito
enamorado de una muchacha bonita que se llama o llamaba Soledad
               mi corazón se acelera (Chichí Peralta: “Procura”)
visionario El Charro
emperrado jugador de squash y billar
Saúl también se mordía las uñas
y decía con afilada frecuencia
“a huevo / chicharrón con pelos / hígado con pus / pata de elefante…”
visionario, El Charro: los tres reprobamos química y ética
pero ya habíamos hecho copias de los extraordinarios
que nos vendió el porro briago cabrón sin FUSCA
por eso el día de los exámenes llevábamos respuestas
               memorizadas
en nuestras mentes de chavos huevones de preparatoria
pero también Juan Luis Guerra en el bicho del ruco serio:
     Te regalo una rosa / la encontré en el camino / no sé si está desnuda / o tiene un solo vestido / no / no lo sé
El Charro enamorado de Soledad
El Tohuí sin poder pensar en Soledad
y yo pensando que Soledad tenía novio
               un espacio de luz / que sólo llenas tú / ayayayay
               te regalo mis manos / mis párpados caídos / el beso más profundo / el que se ahoga en tu   
               gemido / ohohoi
El Charro
El Tohuí
yo
terminamos la prepa (ENP 3 “Justo Sierra”)  después de la HUELGA
El Charro: química 7 y ética 8
Tohuí: química 8 y ética 7
yo: química 8 y ética 9
el examen del porro briago cara de perro sin FUSCA era casi el mismo
que nosotros
     (chavos) (de preparatoria) (huevones) (emperrados jugadores de billar)
hicimos sin menoscabo de culpa
El Charro quería ser maestro de educación física
     (según él)
para tener muchas estudiantes bonitas
El Charro terminó la prepa con 6.9 de promedio y ya no pudo ir a la universidad
sabemos o sabíamos que el promedio mínimo de admisión es o era 7
El Charro terminó manejando el microbús de su papá en Ecatepec
la última vez que escuché de El Charro
fue una noche que me llamó por teléfono
desde Ecatepec
para decirme que estaba pedo con una muchacha a la que había embarazado
cuyo nombre no era Soledad
luego
después de esa llamada
El Charro
chavo bajito y bigotón  
una vez enamorado de una muchacha bonita que se llama o llamaba Soledad
desapareció del mapa y nunca más volví a escuchar su voz de niño de nueve años
El Tohuí terminó la prepa con 7.3 de promedio y entró a la carrera de arquitectura en
CU
vía pase automático
nos encontramos dos o tres veces en ciudad universitaria
y se sorprendió de que YO hubiera dejado de ser un tremendo desmadroso
y me dedicara a leer
y pasara tiempo en la biblioteca
y supiera palabras como hermenéutica e inmanente  
la última vez que vi a El Tohuí
(su nombre en el acta de nacimiento dice Ángel Ortiz)
fue en el comedor de la facultad de arquitectura
hablamos del pasado y de El Charro
del bicho
Tohuí no se acordaba de Soledad
luego nos fuimos cada uno por nuestro lado
y lo último que supe de él fue que no terminó la carrera
por puro huevón
yo terminé la prepa con 7.6 de promedio
entré a la carrera de Ciencias de la Comunicación
en CU en
la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
vía examen de ingreso
(mi papá me pagó un curso, en Bucareli, cerca del Café Habana, de tres semanas, para que me regularizaran, para que según me prepararan para el examen de admisión a la UNAM, un poco sí me regularizaron, seguro que sí, pero lo que mejor recuerdo es la palabra bórax y a la muchacha bonita, de nombre Noemí Laguna, que nos regularizaba en las materias de español y literatura, Noemí Laguna, estudiante de sexto semestre de letras hispánicas, que invité al cine, que me dijo que sí, y que vi por última vez en los torniquetes del metro de la estación Cuauhtémoc, línea rosa...)
CONCURSO: UNAM: 8 a.m.
(entré a la UNAM de puro panzazo / el puntaje más bajo de la lista de admitidos / brinqué cuando miré mi panzazo en la gaceta oficial)
entré a la UNAM no por pase automático
por pendejo (la pura verdad)
porque no sabía que yo merecía semejante empujón a los hornos universitarios
después dejé la carrera y volví a hacer el examen de ingreso / de admisión
para cambiarme a letras hispánicas en CU
en la Facultad de Filosofía y Letras
en la UNAM
pero esta vez ingresé con paso tranquilo y sin dar ningún brinco
y eso que NUNCA terminé una carrera en la UNAM
               “Por mi raza / hablará el espíritu”
eso, concluir una carrera, lo hice en Portland State
lejos muy lejos en un lugar donde llueve o llovía a madres
lejos del bicho
y de El Charro
y de El Tohuí
y del porro briago sin FUSCA
y de Soledad
y de la estación del metro Cuauhtémoc
y de CU
lejos de la química y la ética que reprobé por haber sido un chavo huevón emperrado con el billar
y concentrado en chingar a los demás, como a Maya Carbajal y a El Babash…
               (discúlpenme, Maya Carbajal y Babash, por haber sido tan ojete con ustedes...)
lejos de la ENP 3
     escuela nacional preparatoria
número tres
     JUSTO SIERRA







miércoles, 26 de marzo de 2014

LOS CIMACIOS: acotaciones a un texto inédito

… la imagen comenzó con el recuerdo de los nidos, de golondrinas, de los cimacios de la casa de verano de mi abuela, en Ciudad Hidalgo, Michoacán. ¿Qué es un cimacio? Esto lo descubrí, o lo construí en mi mente, después, porque cuando vi los nidos de las golondrinas en la casa de mi abuela los cimacios no existían. Los descubrí muchos años después leyendo los Huesos de sepia de Eugenio Montale, incluso recuerdo el día y los contornos de mi encuentro con el poeta italiano (pero esta es otra historia y he llegado al punto de evitar que mis historias se mezclen y engendren, quizás, mutaciones memoriosas que en un futuro cercano devoren, con mandíbula chica, retazos enteros de mi vida pasada). La primera ocasión que vislumbré los cimacios fue en “Felicità raggiunta…”, quizás mi poema más querido de Montale:

è dolce e turbatore come i nidi delle cimase

Durante mucho tiempo estuve convencido de que los cimacios eran pájaros... Influido por mi ignorancia juvenil y mi resistencia a consultar un diccionario para aclarar lo que parecía claro para mí, los nidos de los cimacios del poema me hacían recordar los nidos de las golondrinas de la casa de mi abuela: en mi ignorancia imaginativa, le confería a los cimacios características analógicas a las de las golondrinas: ave de despedida, un poco tristísima, evocadora de un retorno que permanece siempre postergado. Algo parecido me ocurre con los oleandros (pero esta es también otra historia…). Y justo hoy, miércoles 26 de marzo de 2014, la duda asaltó mi lectura del poema de Montale. Escuchar la “Felicità raggiunta” en la voz de una mujer, cuya sonrisa me deja desarmado, voz ajena y aún poco familiar, me llevó a reconstruir las imágenes que hasta el día de hoy había conservado como inconmovibles. Por eso abrí el diccionario más autoritario de nuestra lengua y busqué nueva esperanza; abrevio:

1. m. Arq. gola (moldura en forma de s).

2. m. Arq. Miembro suelto, con ábaco de gran desarrollo, que va sobre el capitel, con aumento del plano superior de apoyo. Es elemento medieval casi constante y típico.      

Cimacio no es un pájaro, es una “gola”, un “miembro suelto que va sobre el capitel”, pero la ignorancia todavía me parece más deseable, tan deseable como la voz ajena que leyó el poema de Montale sólo para mí. Recuerdo al “Domador de versos” del entrañable Leolo de Jean-Claude Lauzon, un hombre que recorre las calles acariciando y escrutando los deshechos que la gente deja tras de sí; de esta manera, a partir de esta recolección de lo indeseable, el Domador descubre a Leolo, sus versos, sus melancolías y su constante batalla en contra de la autoridad que la realidad nos impone con desidia: “porque sueño, yo no lo estoy”, afirma Leolo para curarse de la vulgar locura de ser sólo unidad y constancia. Leolo muere, recordemos, porque ya no puede soñar, y porque ya no puede soñar, tampoco puede amar… Pero el Domador lo sobrevive y le sobrevive, quizás a todos en algún momento nos llega un instante semejante, ese en el que tenemos la posibilidad de domar nuestros recuerdos o, por el contrario, dejarlos partir, como las golondrinas de los cimacios de la casa de mi abuela: 

                         è dolce e turbatore come i nidi delle cimase    


Inédita felicidad la del poema de Montale, inédita porque ha sido escrita en la intimidad para una sola persona… Felicidad lograda la de Leolo y su amor blanco y expansivo por Bianca. Inédita felicidad lograda, como la de los cimacios que emprenden el vuelo desde su capitel. 

Primer vuelo turbador: (inédito) 










domingo, 2 de marzo de 2014

ALGO CONTIGO: sólo contigo

Quizás aún no tengo la edad suficiente para hacer afirmaciones de este tipo: “Hay gente más pendeja que otra” o “Algunos se enamoran más fácil que otros” o “Todos merecemos segundas oportunidades”. Y digo que “quizás aún no tengo la edad suficiente” porque, si soy un poco honesto, yo tendría que catalogarme en el lado de la gente más pendeja y de la que se enamora más fácil y de la que siente que merece segundas oportunidades. Primero intentaré explicar esto a partir de cierto ejercicio de la razón y, a falta de suficientes recursos racionales, con una canción, como ya comienza a ser hábito en mi blog. 

1) HAY GENTE MÁS PENDEJA QUE OTRA porque repite los mismos errores una y otra vez aguardando resultados diferentes, por ejemplo, aquellos, como yo, que lanzamos una piedra a un pozo seco y nos sentamos a esperar el chapoteo del agua, un glup provocador o evocador, que la piedra arrojada en la oscuridad traiga consigo la promesa de una lluvia personal y diminuta; el pendejo aspira el mundo entero, quiere todas las minucias para sí mismo, colecciona sonrisas, movimientos de las ramas de los árboles, iris, alguna que otra nube, voces, palabras cursis, oídos, modos de caminar, se aferra con encono a la amistad y a los gestos de una cordialidad arcaica, casi mítica. Pero el pendejo también hace pendejadas de las que no suele arrepentirse y en esto tal vez reside su fatum tortuoso.   

2) ALGUNOS SE ENAMORAN MÁS FÁCIL QUE OTROS, claro, porque es trabajo de un particular tipo de personas fragmentar su vitalidad en miríadas de vidas en las que se recrean amores y posibilidades amorosas. Algo, o mucho, de patología hay en esta actividad ontológica: extraña o fatídica es la vida pendeja de aquel que se hunde con la frecuencia más veloz en miradas y voces ajenas. A este tipo de personas el amor no les parece fácil, que no se confunda el amor fácil con enamorarse más fácil; me explico: hay gente a quien le basta sentarse frente a alguien más para saber, como vidente, si la posibilidad del amor es una razón poética plausible. Y esta propensión, para algunos irracional, razonablemente poética, se expande en el interior ulterior del enamoradizo profesional: sus palabras dan vueltas en su cuello como una espiral mórbida, se fascina de su producción verbal y cuando su pescuezo cruje por el nudo gordiano que lo oprime llora con alegría infantil. Sabe que es más pendejo que aquellos que no se enamoran con la facilidad de beber agua, pero su pendejismo lo asume con excesiva esperanza. 

3) TODOS MERECEMOS SEGUNDAS OPORTUNIDADES es una mentira encubierta que el pendejo y enamoradizo nato se repite a sí mismo en el fondo del silencio bullicioso que lo acompaña. Y para ilustrar este principio no axiomático sobran imágenes, pero hay muy específica: la del rogón, que con fehaciente cara de pendejo, no detiene el torrente de sus súplicas en aras de nutrir el amor unidireccional que lo quema por dentro. El que ruega, de pie o hincado, lo hace porque se dice a sí mismo que merece una segunda oportunidad, o una infinidad de segundas oportunidades, porque llega a ocurrir que, en contra de lo que este tipo de personalidad esperaba, le fue concedida la tan ansiada segunda oportunidad, pero como es un gran pendejo pues la cagó y una vez más se aferra a la posibilidad de recibir una otra segunda oportunidad. ¿Que si todos merecemos una segunda oportunidad? Aún no tengo la edad suficiente para responder esta pregunta…  

CONCLUSIÓN AXIOMÁTICA Y PERSONAL: Me declaro pendejo (en grado mayor del pendejo promedio), me declaro enamoradizo fácil (en grado mayor del enamoradizo promedio) y me declaro, en virtud de las dos declaraciones anteriores, acreedor a una otra segunda oportunidad. Ahora matizaré, con brevedad, lo que quizás no necesita demasiados matices: me enamoro muy fácil, sí, desde niño, porque a los seis o siete años la telaraña del pendejismo había recubierto mi interior con su tela sutil y pegajosa, empalagosa también, pero desde hace muchos años me enamoro una y otra vez, con excesiva facilidad, de la misma mujer, de la güerita atómica que conocí en Praga hace nueve años, esa que derramó su espagueti con salsa de jitomate en su camiseta blanca en nuestra primera cita, la de los ojos verdes que cambian de color con quien compartí un beso por vez primera en Hrbitov Vysehrad… La mujer cuyo nombre es Kim Strong: “no quiero morirme sin tener algo (más) contigo…”   


Yo no quiero controlar tu vida, como se afirma en la letra
 de la canción, sólo quiero continuar compartiendo 
la mía contigo.






lunes, 24 de febrero de 2014

TRAVESÍA DEL MOVIMIENTO: de “Anyone can play guitar” a “Ingenue"

Vuelvo sobre el tema de Radiohead, a petición más o menos expresa, también velada, del famoso Abrumen, mejor conocido como Carlos Abreu Mendoza, cuyo nombre de pila es “El Murciano”. 

Así que: érase una vez Abrumen, Paco el de Bahía Blanca y yo estábamos en la Italian Pizzeria III de Franklin St., frente a un casi perfecto círculo de masa aplanada y horneada con queso, jitomate y albahaca: eso que la gente común y corriente llama pizza, y cuando yo iba por mi segunda porción y Paco hacía cálculos matemáticos para definir la distribución justa de las rebanadas restantes (digo “justa”, pero en realidad me refiero a una distribución arbitraria, incluso tacaña…), Abrumen soltó que la opinión musical me venía mejor que la opinión sociológica. Reconocí el grado de audacia del comentario, y sin dejar de masticar, con la mente nublada de vapores verdosos y artesanales, me dije: “puede que El Murciano tenga razón y si no la tiene pues qué chingados, haré más opinión musical...”. Así que una vez más estoy sumergido en la tarea, nada dolorosa, y sí harto fascinante, de escribir alguna minucia en torno a Radiohead. 

Mirando el video original de “Anyone can play guitar” vino a mi mente, casi de manera automática, los videos de “Idioteque” (la versión en vivo) y “Lotus Flower”, ambos conocidos por la destreza de Thom Yorke en el arte de la poesía con el cuerpo, como la llamó Mallarmé, es decir, la danza. Sin embargo, es en “Ingenue” donde he hallado los puntos equidistantes entre el primer Thom Yorke, el inmaduro y pretensioso, y el último, ese donde la pretensión prevalece aunque matizada por una notable madurez musical. Hay que mirar primero “Anyone can play guitar”:


Este es un Thom Yorke totalmente noventero, carente de coordinación, que parece no saber con exactitud lo que tiene que hacer con su cuerpo: como que intenta saltar, luego lo invade la euforia, la contiene, cambia de rumbo, gesticula, se ahoga en la intransigencia de lo que desea comunicar, “cualquiera puede tocar la guitarra”, nos dice, como quien pretende sugerir que cualquiera puede articular la música desde su propio espacio de angustia postiza. Llama también la atención la retahíla de gestos que Thom Yorke despliega en este video, como si intentara hacernos pensar que hay demasiada indiferencia en su actitud, pero esto es sólo parte de las posturas ortodoxas de la pretensiosa juventud de los noventa. Esto cambia de manera radical en “Ingenue”, donde los guitarrazos y la frenética erupción de gesticulaciones son reemplazados por una actitud cuasi zen, fundida en el fondo de una marmita donde la templanza y la coordinación del diálogo bullen a fuego lento. En “Ingenue” no hay indiferencia, cada movimiento y cada expresión corporal han sido calculados ex profeso, y si hay angustia, se trata de una angustia cordial que desemboca en un abrazo meditabundo, en la expresión de una compañía pura que se rinde a la entrega del abrazo despojado de su dimensión erótica. No hay duda que del Thom Yorke de “Anyone can play guitar” al de “Ingenue” hay una distancia que podríamos comprender como una travesía de maduración a través del movimiento y sus consecuencias vitales. Conclusión: hay que mirar ahora “Ingenue”: